Tradicionalmente, la educación a través de la Red ha recurrido a herramientas estandarizadas, o de desarrollo propio, para llevar a cabo la interacción entre los diversos participantes en el proceso (profesores, alumnos, supervisores, tutores, encargados de administración, etc.); dichas herramientas son conocidas como Learning Management Systems o LMS. Las citadas plataformas o LMS ofrecen a los alumnos un entorno cerrado y controlado en el que las instituciones académicas pueden establecer elementos correspondientes a funciones, tales como foros de participación, herramientas de retroalimentación, módulos educativos de contenidos, mecanismos de comunicación, etc., intentando proporcionar un ambiente lo más uniforme y familiar posible (Coates y otros, 2005).

La evolución de la Red, mientras tanto, ha sufrido importantes cambios durante los años comprendidos entre 2005 y 2009, con el desarrollo de la denominada Web 2.0: se trata de una tendencia con un funcionamiento cada vez más participativo y bidireccional, en la que los usuarios no se limitan a leer o visualizar contenidos, sino que incrementan su nivel de implicación produciendo sus propios contenidos y publicándolos mediante herramientas sencillas. El crecimiento del ancho de banda en el ámbito doméstico, la evolución hacia conexiones de banda ancha y de funcionamiento permanente, y el desarrollo de herramientas sencillas como los blogs determina un cambio importante en la fisonomía de la Red, así como en la forma de relacionarse las personas entre sí y con los contenidos.

Otro de los planteamientos llamativos de la evolución de la Red ha sido el paso de los esquemas ordenador-céntricos del siglo pasado, a otros red-céntricos, en los que los usuarios no emplean únicamente un ordenador y un disco duro, sino que acceden a la Red mediante una amplia variedad de dispositivos y desde prácticamente cualquier lugar. El mismo alumno que se conecta desde el ordenador del aula lo hace desde su casa, desde su portátil, desde un netbook o desde un teléfono móvil. En cada uno de ellos, utiliza diferente hardware, sistemas operativos o programas, mientras que sus datos se sitúan sin excepción en la propia Red, única manera de mantener su integridad. Esta tendencia, iniciada en el mercado de consumo mediante herramientas como el correo electrónico GMail, gestores de favoritos como Delicious, y repositorios de fotos como Flickr o Fotolog, de presentaciones como Slideshare, o de vídeo como YouTube se continúa ahora con un fuerte empuje y competencia en el mercado corporativo, como prueba indudable de una tendencia ya consolidada.

(...) el uso de una plataforma cerrada supone un paso atrás, una regresión al pasado, una situación antinatural. La idea de trabajar con las opciones que una única plataforma propone, que además suelen tener, por sí mismas, prestaciones inferiores a las ofrecidas por las alternativas especializadas habituales en Internet, supone, sobre todo en el caso de los alumnos más avanzados en el uso de la web, renunciar a una filosofía de trabajo aprendida mediante la práctica a través de horas de navegación. Pero en el caso de aquellos alumnos no formados en las herramientas actuales, supone hurtarles la posibilidad de aprender y desarrollar las habilidades en el nuevo entorno, privarles del aprendizaje de una nueva manera de trabajar que formará parte de su experiencia en los próximos años de su desarrollo personal y profesional. La diversidad de la web es, en este caso, su mayor riqueza.

(...) Parece necesario, sin embargo, replantearse en cierta medida la función de la plataforma. Inicialmente, ésta servía para ofrecer a la comunidad educativa, tanto a alumnos como a profesores, un entorno controlado y familiar. En la época en que la enseñanza online comenzó a popularizarse, a principios de 2003, este tipo de atributos eran sumamente necesarios: en general, las capacidades de los usuarios se limitaban a la consulta de páginas web, pero se encontraban sumamente limitados en cuanto a la posibilidad de generación de contenidos. La herramienta habitual para este tipo de funciones era el foro, popular prácticamente desde los inicios de Internet y los grupos de Usenet, mientras que otras herramientas como los blogs o los wikis estaban puramente en sus inicios. Así, las LMS planteaban una manera fácil de desarrollar la interacción, y la flexibilidad suficiente como para integrar contenidos en un entorno de manejo sin excesivas barreras de entrada, algo crucial en un momento en el que, para muchos, el simple desarrollo de interacciones a través del medio electrónico planteaba un cierto nivel de inseguridad.

A medida que el desarrollo de herramientas en la web fue progresando en paralelo con las habilidades de los alumnos para manejarlas, empezó a darse un interesante
fenómeno: la institución facilitaba a sus estudiantes la plataforma para el desarrollo del curso, pero éstos pasaban a coordinarse, cada vez en mayor medida, mediante herramientas externas a dicha plataforma. El uso de mensajería instantánea creció con la incorporación de nuevas generaciones de estudiantes en las que esta herramienta gozaba de una enorme popularidad, y creció igualmente el porcentaje de enlaces externos a los que los alumnos hacían referencia. El papel del profesor, igualmente, fue cambiando: en un entorno de hiperabundancia absoluta de información, éste ya no podía aspirar a ser quien más sabía de un tema determinado, sino a ser capaz de escoger o destacar, en cada momento, la información más adecuada, que en muchas ocasiones había sido aportada por uno de sus alumnos. El profesor empezó a ser, en cierto sentido, un supernodo conductor, con visibilidad sobre toda la comunidad, y que debía ser capaz de proporcionar cierta estructura y programa
a la misma.